El orgullo de su nepotismo
En Privado
Joaquín López-Dóriga
Fue el presidente José López Portillo (1976-82), quien ante las críticas por el nombramiento de su hijo José Ramón como subsecretario de Programación y Presupuesto, al lado de Rosa Luz Alegría y bajo el mando de Miguel de la Madrid, lo justificó acuñando la frase de que era “el orgullo de mi nepotismo”, resumiendo ingenio y cinismo.
Hoy, más de un tercio de siglo y un México después, la tentación desde el poder sigue siendo la misma, y a todos los niveles. El más dramático, el de la pareja presidencial que se vivió en el sexenio pasado.
Pero los casos más obvios los vemos ahora, políticos blanqueados de todos los colores que los que no quieren colocar a la esposa, es a las hermanas, dicho sea esto en el mejor de los sentidos, como candidatas a diputadas.
Algo deben saberles, que nosotros no, por la vehemencia con la que las promovieron.
En el PRI, el ex gobernador de Colima, Fernando Moreno Peña, metió a su esposa Hilda como candidata a diputada plurinominal; en el PRD, el ex gobernador de Nayarit, que ni perredista es, anotó a su esposa Marta, a quien antes quiso hacer candidata a gobernadora, lo mismo que el ex de Tlaxcala y actual senador, Alfonso Sánchez Anaya a la suya, María del Carmen, que también quiso sucederlo.
El caso del PAN, el gobernador de Querétaro colocó a su esposa Marcela, y el ex de Jalisco y actual secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, a su correspondiente Joann. En Nuevo León, el alcalde de San Pedro la hizo con su esposa Alejandra, y el director de ASERCA, Gustavo Cárdenas con su cónyuge, Mónica.
Para también hay espacio para el orgullo del nepotismo fraternal. El gobernador panista de Aguascalientes, Armando Reynoso, apuntó a su hermana María de Lourdes; el de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, a su hermano Jaime; el alcalde panista de Naucalpan, José Luis Durán Reveles, a dos hermanos, Paty y Porfirio, y el gobernador precioso de Puebla, Mario Marín a su hermana, para ya no hablar de los juniors del priismo, los Madrazo, los Murat y otros.
¡Qué bonitas familias! éstas, que consideran el quehacer político como una empresa familiar con derechos hereditarios.
Y todo, claro, con recursos públicos y en nombre de la democracia y su frustrada transición.
Diario Milenio, 22 de abril del 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario