Elliot Ness en el Estadio Azteca
La historia en breve
Ciro Gómez Leyva
2009-03-30
Al Frente
Felipe Calderón se puso la verde, se hizo acompañar de Margarita Zavala, su gran activo en las embarazosas cosas de imagen, se metió al palco y no se movió un milímetro más de la cuenta. Buen aficionado al futbol, respetó al Estadio Azteca: nada de exhibicionismos. Si lo que intentó el sábado fue producir una metáfora, lo consiguió: al igual que la desmedrada selección, él todavía puede, sabe ganar en Santa Úrsula.
Las encuestas explicarían mejor el pausado 2-0 de Calderón sobre la dificultosa grada del Azteca. Como sea, la aprobación a su gobierno se mantiene por arriba de un discreto, pero funcional 55 por ciento. No se le asocia con raterías y en popularidad personal sólo va atrás del mexiquense Enrique Peña Nieto.
Aunque la clave más firme del respeto que aún impone el Presidente de la República parece estar ligada con la guerra contra las bandas de narcotraficantes. Diez mil ejecutados después, Calderón sigue contando con un asombroso respaldo en ese renglón. El ciudadano promedio ya dejó de creer que su situación económica mejorará de aquí a 2012, pero valora los “güevos de Felipe”, como la porra los de Pável o Guardado.
“Güevos” que ayer exaltó Barack Obama. Calderón debió haber gozado más que los goles del sábado la frase dominical que le regaló el presidente de Estados Unidos: “Ha tratado a los narcotraficantes como Elliot Ness a Al Capone durante la prohibición, lo que a menudo causa más violencia”. ¡Elliot Ness! ¡Los Intocables! Mejor, imposible.
“Güevos” de los que se ha colgado el líder del PAN, Germán Martínez, para erizar a los priistas. “Güevos” que sirven para derrotar a Costa Rica en un partido crítico.
A Costa Rica en el Azteca. Y no mucho más.
lunes, 30 de marzo de 2009
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