(Un día antes Ciro Gómez Leyva había dicho casi lo mismo, pero para que tenga efecto habrá que repetirlo. La consigna entre los perros parece ser que todo lo que pueda ser usado en contra de AMLO sera usado en contra de AMLO, los perros guardianes del sistema le fiscalizan todo, son reporteros que atacan lo que sus patrones les dictan)
El portazo de AMLO
En Privado
Joaquín López-Dóriga
2009-06-02
El PRI no entrará a la guerra sucia con el PAN, no; se la guardará para los priistas. Florestán
El sábado pasado se registró un desencuentro entre perredistas veracruzanos y Andrés Manuel López Obrador cuando éste, de visita en Zongolica, les negó un espacio en el templete de su mitin, en ese caso, con los colores de Convergencia.
De acuerdo con la crónica de Heliodoro Cárdenas, en estas páginas, que coincide con la de Fabiola Martínez, en La Jornada, un grupo de candidatos del PRD cerró el paso a su camioneta para pedirle que los apoyara a ellos también, no sólo a los de Convergencia, a lo que les dijo que su prioridad era salvar el registro de ese partido y del PT, argumentando que “la mafia quiere quitárselos en represalia por haberlo apoyado en 2006”.
Y cuando los mismos candidatos perredistas le pidieron que por lo menos les dejara subir al templete para acompañarlo, fue rotundo: No.
—La gente está confundida —le dijo uno de ellos.
—Sí, pero yo ya decidí, ya tomé esta decisión y no voy a cambiar de parecer —les respondió.
—Nada más aclárenos si va a apoyar al PRD o no —le pidió otro.
—Aquí en Veracruz, no. Ya tomé esa decisión y no voy a cambiar de parecer.
—Pero aquí el PRD está esperando su apoyo, ¿que todo se vaya al agua? —le insistieron.
—Ni modo.
—¿Ni modo? —Le reviraron ya molestos— ¿Y toda la gente que votó por usted...?
—Ya hablé con ustedes. Déjenme pasar porque voy al acto —les dijo, y lo dejaron ir.
Este desencuentro viene a confirmar el punto terminal al que ha entrado la relación del ex candidato presidencial ya no sólo con la cúpula sino con las bases del PRD, y todo en aras de mantener el registro de PT y Convergencia de cara a su candidatura presidencial en 2012, toda vez que ha visto que por los colores del sol azteca ya no transitaría.
El punto es ver en qué momento Jesús Ortega rompe con quien ha roto con su partido y lo ha despreciado, convirtiéndose en su opositor, enemigo dicen algunos, en 30 de las 32 entidades del país.
Diario Milenio
1 junio 2009
López Obrador se los va a merendar.
Artículo Ciro Gómez Leyva / Milenio
Como una metáfora del “tú te lo buscas, tú te lo ten”, los hechos del sábado en Zongolica dibujaron a un líder que decide quién es digno de asentarse a su lado y quién no.
Unos perredistas veracruzanos que renegaban de Los Chuchos interceptaron a Andrés Manuel López Obrador y le pidieron que no los dejara solos, y que no confundiera al elector con las campañas a favor del PT y Convergencia. Solicitaron el micrófono para el mitin que comenzaría más tarde, pero el presidente legítimo los mandó al diablo.
Por qué no habría de hacerlo si algunas encuestas comienzan a perfilar un score soñado para el tabasqueño: el PRD en un mediocre 15, 16 por ciento y él, con sus dos apéndices, rondando el ocho. Y él, con el impulso hacia arriba y el PRD estancado.
Si López Obrador se despierta con esos números el lunes 6 de julio, que nadie alegue engaño. Lo que anunció que haría es lo que está haciendo: confundir y fragmentar al PRD en favor del PT y Convergencia. Para él sería un triunfo y el cheque que necesita para preparar la aventura 2012.
Los Chuchos no tendrán cara para reclamarle. Debieron haberlo expulsado a principio de año por pedir el voto en contra del PRD. No se atrevieron. Calcularon que López Obrador arrastraría los votos suficientes para que el PRD rondara el anhelado 20 por ciento. Hoy parece que esa tajada caerá en otra bolsa.
Tampoco quisieron creer que apartar a López Obrador podría hacer que la zona antilopezobradorista de los indecisos viera con otros ojos al PRD y quizá le dieran su voto el 5 de julio.
Queda un mes justo de campaña. Todavía pueden ellos mandarlo al diablo. Si no, las cosas pintan para que López Obrador se los meriende con una servilleta en el pecho.
Merecida, suculentamente.
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